Siempre he sabido que me voy a beber un número limitado de botellas de vino, un número limitado de veces voy a ir a Japón, un número limitado de veces voy a oír la novena sinfonía de Beethoven, un número limitado de veces voy a hacer el amor y un número limitado de veces me voy a bañar en el mar. Lo he sabido siempre. Y eso me ha ayudado a disfrutar más de cada baño, de cada copa, de cada vez que he hecho el amor, de cada nota y de cada viaje.

Incluso cuando he estado enfermo y muy enfermo, y algunos decían “vamos a ver ahora el ejercicio práctico”, incluso entonces he confirmado que tengo una naturalidad bastante estoica en el entendimiento de la vida y la muerte. A mí lo que me horroriza es no acertar a vivir. El verdadero tema no es cómo afrontar la vejez, sino cómo afrontar la vida.

 

«Hay que vivir el presente, hay que saber recordar y hay que saber soñar.»

 

Todas las edades hay que vivirlas en tres dimensiones: hay que vivir el presente, hay que saber recordar y hay que saber soñar. Si uno solo sueña, vive en las nubes. Si uno vive solo el presente y no es capaz de valorarlo por el viaje recorrido ni de proyectarlo hacia el futuro, vive con las orejeras puestas y no se entera de nada. Y si uno vive evocando el pasado y tratando de añorarlo, vive perdido.

Hay gente que no se toma la más mínima molestia para vivir de una manera inteligente, que le permita paladear la vida y entenderla, darle sentido, color y dimensión. Yo procuro siempre darle alegría e intensidad a lo que vivo. Y como he vivido el paso del tiempo con naturalidad, he podido ir pasando etapas sin ningún particular sobresalto, sin que me sorprendiera el fantasma de los años.

 

«Uno va descubriendo que es viejo en la mirada de los demás.»

 

Uno va descubriendo que es viejo en la mirada de los demás. Son señales que uno va percibiendo, que le van notificando que ya no ocupa el centro del escenario. Hay gente que lo nota el primer día que una chica le habla de usted, cuando alguien le cede el sitio en el autobús o los compañeros de trabajo empiezan a mirarle como a un maestro o a referirse a él de forma diferente.

También te vas despidiendo de cosas: empiezas a sentirte peor y a no tener las capacidades que antes tenías. Pero “envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube, las fuerzas disminuyen pero la mirada es más libre, amplia y serena”. Gran frase la del cineasta Ingmar Bergman: vas subiendo la montaña y cada vez es más difícil la ascensión, cada paso te cuesta más, las fuerzas te flaquean, pero desde arriba se va viendo con más perspectiva el paisaje que antes has estado viendo sin consciencia, sin perspectiva. Y es que hacerse mayor tiene cosas muy buenas. Lo mejor es que ya tienes resueltos casi todos los grandes interrogantes de la vida, ya has criado a los hijos y con suerte has pagado tu casa. Esa despreocupación es maravillosa.

Con los años, además, se aprende la teoría de la relatividad. Que todo es bastante relativo. Que las epopeyas vitales se pueden escribir con minúscula. Que la vida no es para tanto y que no es nada menos que la vida. También se aprende a vivir con lucidez. Mucha gente vive una juventud estrepitosa, intensa. Los miras desde la edad adulta y te dan como envidia, pero notas que no se están enterando de nada, que no tienen esa capacidad de paladeo de la vida. En la vejez aprendes a valorar las cosas. A sentirte vivo y a sentir que la sangre corre por tu cuerpo. Aprendes a apreciar que esta persona está contigo y que esto es hermoso y que el vino está rico y que la temperatura es amable y que los días se suceden y que son un regalo cada uno.

 

«Hay que saber para vivir, no saber por saber.»

 

Ahora estoy trabajando en un programa que se titula Cuando ya no estéA mis 75 años viajo más que nunca, por todo el planeta. Hago entrevistas a científicos y expertos que están olfateando el futuro para vislumbrar hacia dónde irá todo cuando yo ya no esté, dentro de un ratito.

Intento entender el mundo. Y ese es precisamente el motor de todo lo que ha sido mi vida: la curiosidad. No solo la que permite al investigador descubrir lo que no sabe y al astronauta encontrar planetas desconocidos, sino la curiosidad respecto al vivir. Un sabio griego no lo era solo por hacer descubrimientos inteligentes, sino porque estos le permitían entender mejor el mundo y vivir más adecuadamente: saber para vivir, no saber por saber. Como decía Einstein, “lo importante es no perder jamás esta bendita curiosidad” y, para ello, son fundamentales todas aquellas iniciativas, como las del programa de Personas Mayores de la Obra Social ”la Caixa”, que trabajan para que los mayores se sientan integrados en la sociedad y se mantengan en constante movimiento físico y mental. No solamente porque es una manera verdaderamente inteligente y digna de acompañar a esas personas ayudándolas a vivir de verdad, en las tres dimensiones, sino porque, además, de ahí puede extraerse un zumo que el resto puede aprovechar. La experiencia de los ancianos podrá regar la sociedad solo si viven con lucidez y consciencia y siguen sintiéndose parte de la tribu. Y el que pueda llegar a morir habiendo estado hasta el último minuto en alguna acción dentro de un nosotros, yo creo que se muere vivo.

 

Realización: Iván Ruiz & Gema Briones